lunes, 25 de abril de 2016

Vocación

           El humo del cigarrillo posado sobre el cenicero era el único movimiento en la habitación 312 del hotel Carlton cuando Juan entró. El reloj de pared marcaba las diez de la noche y la entrevistadora, sentada en una de las dos butacas negras junto a la ventana, leía su libro. La estancia grande y lujosa, como correspondía a sus éxitos, era el lugar idóneo para aquella única entrevista que iba a conceder. El olor del aire empezaba a viciarse por el humo del tabaco, así que pidió abrir la ventana y una suave ráfaga de aire dio comienzo a la entrevista cuando se sentó en la butaca opuesta.
  • Buenas noches Juan, quería comunicarle en mi nombre y en de la revista el honor que supone que nos conceda esta entrevista – Comenzó la entrevistadora, pero Juan enseguida le corto.
  • Por favor, vamos a hacer esto mucho más ameno, charlemos de tu a tu, ¿Me das un cigarrillo? - dijo fiel a su carácter cercano.
          Hablaron largo y tendido de su espectacular carrera periodística, repasaron sus años de corresponsal en el extranjero, sus los libros publicados y hasta el ejemplo que suponía su extensa trayectoria para las nuevas generaciones. La conversación fue distendida y jocosa hasta que tocó hablar de su padre. En ese momento la entrevista se torno seria, no le molestaba hablar del tema, pero siempre lo hacía con mucho respeto.

***

            Las ruedas del todoterreno avanzaban a gran velocidad sobre la arena pálida y fina del desierto de Rub al-Jali. Allí Pedro, disfrutaba de sus vacaciones en Arabia, la arena estaba ya en todas los recovecos, no solo de su cuerpo, sino también de su equipaje. Las diez de la mañana, el convoy de dos vehículos conducía al grupo de turistas a visitar las, según el guía, más alucinantes ruinas que habrían visto en la vida. Según él buscaban la ciudad perdida de Iram la de los pilares. No obstante, Pedro dudaba de aquel guía fanfarrón ya que había leído sobre dicha ciudad mentada en el Corán, pero nadie podía asegurar con aquella certeza que existía en realidad, por eso le llamaban la ciudad perdida, una especie de Atlantida de las arenas. Estaba engañandoles muy posiblemente, intuyó que se trataba de alguna engañifa para llevar turistas donde ellos no querrían ir. No era muy cómodo aquel coche, pero no buscaba comodidad, le encantaba viajar y escribir aquellos diarios de viaje, que conocían muy pocas personas, pero que para él eran verdaderas reliquias. Algún día tenía pensado publicarlos y dar a conocer al mundo todas sus aventuras. De repente el primer todoterreno frenó en seco y ellos, en el segundo, casi chocan tras un frenazo muy brusco. Había un camello muerto delante del convoy, en medio del camino y les impedía seguir adelante. Un disparo, todo el mundo al suelo, la señora alemana que viajaba con él comenzó a gritar, los agentes de seguridad que habían contratado sacaron sus armas. Tres coches se acercaron a toda velocidad en dirección opuesta y pararon bruscamente delante del camello. Los agentes de seguridad apuntaron con sus armas a los vehículos cuando otros tres coches se acercaron por detrás. Estaban rodeados. Al menos quince hombres armados salieron de los vehículos gritando y apuntando con sus armas al convoy. No hubo resistencia, no tenía ninguna posibilidad, pues eran tres guardias de seguridad con cuatro turistas asustados contra quince hombres armados.

               Les hicieron caminar por el desierto hasta un campamento oculto. Un lugar sencillo, como improvisado, puesto allí para ser desmontado rápidamente, unas lonas viejas y roidas sobre palos hacían de haimas donde pasaron la noche en cautiverio. Nadie durmió nada, estaban constantemente vigilados, los antes compañeros de viaje de Pedro se agolpaban unos contra otros buscando protección para sus temblorosos cuerpos, y nadie en el exterior sabría que estaban secuestrados. Pedro tuvo mucho tiempo par dominar sus nervios, comenzó terriblemente asustado y bloqueado, y una vez le hubieron llevado al campamento tuvo tiempo de racionalizar sus sensaciones, tomo valor para hacer frente a aquella situación. Tenía que hacerlo, por su hijo, por su mujer, aunque no le habían acompañado en ese viaje por los compromisos de ella, eran lo que más quería en ese mundo. Necesitaba ver crecer a su hijo, compartir sus sueños y desventuras, apoyarle en aquello que él quisiese conseguir, luchar por que encontrase una vocación en la vida que le hiciese feliz y transmitirle su amor por los viajes y la escritura. Le dio fuerzas para mantenerse concentrado y superar sus miedos y en un rato fue consciente que tendrían que salir de allí por sus propios medios. No podía fallar a su hijo. Hizo frio aquella madrugada, y entonces fue cuando un agente de seguridad comenzó a moverse lentamente en la penumbra, intentaba quedar fuera de la visión de los secuestradores. Pedro dudó, pero era la primera y quizá única oportunidad que tendría de salir de aquel infierno.

***

  • ¿Cúal fue la primera noticia que recibisteis?
  • Sonó el teléfono en casa, cogió mi madre, y al otro lado un funcionario del ministerio de exteriores le informó de que había indicios de que Pedro, su marido, podría haber sido secuestrado en su viaje, y que mandarían un coche para llevarnos a la sede del ministerio. - Juan continuó relatando aquellas impactantes primeras noticias – Una vez allí ya nos contaron más detalles. El encargado de seguridad del viaje, Hicham, había acudido esa mañana a primera hora para informar de que el convoy había sido atacado por un grupo armado.
***

           Mientras tanto en la embajada Hicham recibió una comunicación, uno de sus guardias había conseguido un teléfono, salir a escondidas del campamento y había llevado consigo a uno de los turistas. Ahí se cortó la comunicación. Enseguida se pusieron a trabajar, el primer paso estaba dado, pero aun quedaba lo más complicado, sacarles de aquel desierto. El plan del agente a quien pusieron al mando de la operación de rescate, consistía en que ambos llegasen por sus propios medios y con la ayuda telefónica a un pueblo cercano donde enviarían a un equipo capitaneado por Hicham, amplio conocedor de la zona y sus gentes, para traerles de vuelta. Con una operación de militares extranjeros en la zona no podrían adentrarse en el desierto, no enfrentándose a unos terroristas que conocían muy bien terreno y contaban con el apoyo de la población local. Segunda llamada, esta vez era Pedro, asustado, jadeante, muy nervioso.
  • ¡Le han disparado! Creo que esta muero, los tengo encima, me van a encontrar.
  • Pedro, estoy al mando de la operación de rescate, tenemos un plan para sacarle de ahí, pero necesito que se calme, que se concentre y siga mis instrucciones.
  • Rápido, ¿Qué hago?
  • Pedro, ya es mediodía, avanzar ahora es muy complicado, busque rapido un sitio donde esconderse, no le encontraran, y espere a la oscuridad para avanzar. Ahora apague el teléfono y cuando este oscuro vuelva a llamar y le daremos instrucciones.
          Así lo hizo y tras oscurecer volvió a comunicarse con la embajada. Tenía la fuerza y concentración necesaria para lograrlo, pero sus fuerzas empezaban a escasear, y los secuestradores no cejaban en el empeño de encontrarle, de vez en cuando les oía. Le aterraba la idea que le encontrasen.
  • Pedro, un grupo de apoyo le esta esperando en un poblado que debería estar al sur de su posición, según las informaciones de la agencia de seguridad debería estar a dos kilómetros, camine y cuando llegue al poblado busque el bazar de Hicham, es nuestro enlace allí y él te sacará.
  • De acuerdo
          Avanzó en el noche, estaba agotado y hambriento, pero parecía que por fin aquella macabra experiencia iba a acabar.
***
          Encendieron otro par de cigarrillos, la hora de tiempo que habían pactado para la entrevista ya había terminado, pero la periodista quería terminar aquella historia y Juan estaba dispuesto a recordarlo todo, su padre le había enseñado mucho de lo que sabía y le había dado la vocación de contar, por él se había hecho periodista:
  • Nos mantenían informados desde la embajada de que mi padre había escapado y que iba a ser evacuado en breves instantes. Por fin pudimos respirar tranquilos. Estábamos preocupados por el resto de rehenes, pero mi madre por fin se sentó aliviada en un sillón de la sala.
  • ¿Cuál fue la siguiente noticia que tuvieron de Pedro?
  • No hubo más noticias, no en aquella noche.

***

          Pedro entró en el bazar de Hicham, vió a Hicham, se relajo, lloró, toda la tensión que había soportado en las últimas treinta y seis horas le hizo caer sobre sus rodillas delante de Hicham derrotado, exhausto, pero contento de haber salido con vida de aquel infierno. Hicham le miró, sacó una foto del bolsillo interior de su cazadora. Coincidía, era el hombre que estaba esperando, recogió su arma y disparó a Pedro en la cabeza.

***

  • El resto del equipo de extracción estuvo esperando a mi padre y a la persona que había ido a buscarle al pueblo, pero nunca aparecieron. Hicham tenía ordenes de sus jefes de eliminar a mi padre, de no dejar que escapase, nos traicionó.
  • ¿Cómo te afecto el asesinato de tu padre?
  • Los primeros días sentí mucha rabia, quería ir allí, buscar a Hicham, y matarlo, tracé un plan para hacerlo. Estaba lleno de odio, no entendía como alguien podía realizar un acto tan mezquino, como se podía arrebatar una vida de forma tan ligera, sin remordimientos, sin el más mínimo atisbo de humanidad en su ser. El psicólogo me ayudo a canalizar la ira, pero no puedo perdonar lo que hicieron a mi padre.
  • ¿Y cómo influyó en tu carrera?
  • Fue el punto que me hizo decidirme. Cuando nos trajeron sus pertenencias pude leer todos sus artículos, eran extraordinarios, muy cultivados, llenos de aprendizaje, de vivencias, transmitían las ganas de conocer el mundo que él tenía. La verdad es que se expresaba mejor a través de sus textos que de palabra. De ahí surgió mi vocación de escribir, leyendo todos aquellos relatos, que cumpliendo su sueño, publiqué con su nombre. Y de su trágica muerte canalicé una rabia que me ha llevado a lo largo de mi vida a querer descubrir las verdades allá donde se ocultan y sacarlas a la luz. Así que el día que mi hijo publique mis artículos el mundo será un lugar algo mejor que el que conoció mi padre.


miércoles, 27 de enero de 2016

La fiesta

   Sahira entreabrió los ojos, estaba tumbada sobre su cama casi sin deshacer, se había acostado muy cansada la noche anterior, la fiesta de cumpleaños le había dejado exhausta. El rayo de luz solar que entraba por la ventana le molestaba sobremanera y dejaba a la vista una habitación oscura, con aire místico, casi embrujado. Todo estaba en su sitio, menos la ropa de la noche anterior, como siempre que volvía de un evento así últimamente, estaba hecha un ovillo en una esquina, manchada, siempre se ensuciaba más de la cuenta, pero no le preocupaba, más bien lo veía como una muestra de que había sido una noche provechosa.

   Dahia llevaba todo el día ilusionada con la fiesta de cumpleaños que le habían invitado, sobre todo por que se iba a reunir con amigos que no veía desde hace mucho tiempo, una de ellas, que no la única, era Sahira, su amiga de la infancia, hacia mucho tiempo que no coincidía con ella y últimamente no habían hablado mucho. Pero su relación cuando eran pequeñas había sido de mejores amigas, de prometer que se protegerían siempre, pero ya se sabe, eran cosas de crías, con la edad la vida les había separado. Fue entonces cuando sonó el móvil, era Sahira, sintió una ilusión fuerte al ver el nombre en el teléfono y se aceleró a contestar.
  • Hola Dahia, cuanto tiempo, ¿Cómo estas? Cuéntame que es de tu vida. - Comenzó Sahira la conversación con mucha alegría.
  • Pues muy bien, bueno, por donde podría empezar a contarte, ¿Nos vemos esta noche, no? Tendremos tiempo de hablar y ponernos al día.
  • Por eso te llamaba Dahia – interrumpió ya con menos entusiasmo Sahira – no creo que vaya a la fiesta, no tengo muchas ganas de ver a toda esa gente, me lo estoy pensando mucho.
  • Pero ¿Qué dices? Va a ser fantástica, todo el mundo va a ir, ¿Cómo vas a faltar? ¿Estas hablando en serio?
  • Si Dahia, amiga, no deberíamos ir.
  • Pues yo voy a ir Sahira, y me molesta lo que me estas diciendo. - Respondió ya inquieta
  • En serio, hazme caso Dahia, podemos hacer un plan tu y yo por otro lado, hay una obra en el teatro genial, he leído en el periódico que el actor principal esta de muerte en su papel. ¿No te parece mejor plan?
  • Yo quiero ir a la fiesta, si tu no quieres no vengas, pero es el mejor plan para hoy, y además tengo muchas ganas de ver a todos. Incluida a ti.

   Dahia comenzaba a mosquearse con la actitud de su amiga. ¿Por que no quería ir a la fiesta?¿Y por que no quería que fuese ella? Colgó el teléfono cabreada, pero un mal día de su amiga no iba a echar al traste la felicidad que le producía la idea de ir a la fiesta. Decidió que quedaría con ella mañana para preocuparse por lo que le podría pasar, por una vez que tenían un evento social interesante no lo iba a dejar pasar, seguro que Sahira lo entendería, siempre se habían entendido.

   Llego la noche, el lugar de la fiesta era perfecto, una casa apartada, con encanto y un embrujo muy propio para una noche como aquella. Y el tiempo acompañaba, al retirarse las nubes el lugar quedaba iluminado con la luz de la luna llena, corría una suave brisa y el olor a incienso, leve y agradable salía de las estancias interiores. Cuando Dahia llegó, saludó a varios amigos y conocidos que charlaban en el porche anterior, buscaba con la mirada a Sahira, la intuición ahora le decía que tal vez apareciera. Entró en la casa, era enorme, muchas estancias, muchas salas donde crear ambientes diferentes, cada uno que hiciese lo que quisiera en la sala que quisiera. Había bastante gente, entre la multitud surgió un antiguo novio del instituto, se alegró de verle, charlaron, bebieron, bailaron, cambio de pareja, su compañera de pellas en el colegio, que ahora tenía un puesto importante en una buena empresa, pasaron las horas, los chicos del equipo de fútbol del pueblo, seguían igual, con las mismas bromas de la adolescencia, pero no vio a Sahira. Salió su nombre en una conversación, alguien dijo que le había visto en la fiesta. La ilusión de verla volvió a Dahia. Fue en su busca, dió una vuelta por el oscuro patio trasero, donde alguna pareja ya intimaba, pero no estaba, se le ocurrió preguntar por ella, pero de repente no encontró a nadie conocido cerca, entró de nuevo en la casa, ni el novio del instituto, ni su compañera de pellas, ni los chicos del fútbol, no estaban allí, ¿Se habrían ido sin avisar? Salió a la puerta, pero los coches seguían allí, no se habían ido, dió un rodeo a ver si se los encontraba, pero nada. Se había despistado un momento y todos sus conocidos habían desaparecido de la fiesta, solo quedaba gente desconocida. Primero se enfado, pensó que se habían escondido sin decirle nada, además no encontraba tampoco a Sahira. Volvió a entrar en la casa a esperarles con el resto de la gente, y al abrir la puerta fue su sorpresa, allí no había nadie, el incienso seguía encendido, la música sonando, pero nadie por allí. Cruzó la estancia y salió al patio trasero por si habrían salido a observar la electrizante luna llena, ni siquiera estaba allí la pareja que antes se había cruzado. El enfado se convirtió en miedo, ¿Estaba sola en aquella casa perdida? Había desaparecido todo el mundo en cuestión de un momento. Entró corriendo, encendió la luz y, en ese preciso instante, escuchó un ruido que venía del piso superior, se apresuró a subir las escaleras, ya imagino lo que pasaba, se han escondido para darle una sorpresa al chico del cumpleaños y ella tan despistada dando una vuelta no se percató. Abrió la puerta de la primera habitación y allí no había nadie, le parecía una idea genial esperar al chico escondidas, abrió la segunda puerta, y ya por fin les encontró, estaban todos allí, incluida Sahira.

   Tras un rato observando ropa sucia, echa un ovillo, recordó a Dahia, debía encontrarla, resolver todo lo que había quedado sin explicación el día anterior. Cogió el coche, y condujo hasta su casa, llamo al timbre pero nadie respondió. No estaba allí. Llamó al móvil pero nadie respondió tampoco. Se comenzó a preocupar, quizá seguía en la casa de la fiesta. Condujo rauda hacia el lugar, pero antes de llegar encontró a alguien en la parada del autobús escondido tras un banco. Era Dahia, se habría quedado dormida esperando al bus de vuelta a casa.
  • Dahia! ¿Has pasado la noche aquí?
   Dahia se despertó de un salto, estaba asustada, le aterraba la visión de su amiga, intentó huir, pero acabó acorralada en un rincón. Sahira se acercó, le abrazó y le tranquilizó. Ya estaba menos asustada, ahora parecía confusa.
  • ¿Qué te pasa Dahia? ¿Por qué me tienes miedo?
  • Yo, te vi ayer, vi lo que hiscíste, vete de aquí. - Dijo Dahia titubeando, sin fuerza
  • Te has debido de quedar dormida mientras esperabas al autobús. Te llevo a casa.
  • Parecían todos muertos, tu los habías matado. Vete de aquí, a mi no me vas a hacer lo mismo, eres una bruja.
  • ¿Qué dices? No digas tonterías anda, has debido tener un mal sueño.
  • Pero, yo abrí la puerta de la habitación, y estaban todos tirados en el suelo, ninguno se movía, y tu estabas acabando con el último, estabas sobre él, y le absorbías la vida, eres una bruja.
  • Dahia! Reacciona!, tu me conoces, ayer bebimos mucho, y la fiesta se desfasó un poco, pero cada uno se fue a su casa, aquí no hay nadie muerto, tranquilízate, has debido dormir mal. ¿Cómo voy a ser una bruja? No digas tonterías, las brujas no existen. Ya somos adultas, coge tus cosas y te llevo a casa. - Las palabras tranquilizadoras de su amiga hacían que Dahia se calmase, comenzó a comprender que tal vez todo había sido un mal sueño.
  • Pero, ¿seguro? Están en la habitación de arriba, Sahira me das miedo.
  • Nos conocemos desde pequeñas, somos buenas amigas, te acuerdas de aquello de protegernos siempre, ya estoy aquí, no tienes que temer nada más.
  • No se Sahira, vamonos a casa, que he pasado muy mala noche.

   Fue entonces, cuando Dahia se relajo por fin. Buscó refugio en los brazos de su amiga, sintió alivio de que se acabase toda aquella pesadilla. Sahira no tuvo que hacer gran esfuerzo para absorber el alma ya abatida y rendida de su mejor amiga. No quería haberlo hecho, pero después de lo que había visto la noche anterior y por muy amiga que fuera, no podía dejar cabos sueltos.

jueves, 24 de abril de 2014

Parc de la Ciutadella

Los niños entorpecen mi búsqueda con sus chillidos agudos provocados por su ilusión ignorante. Aun así sigo adelante guiándome por las sensaciones, las que me produce un banco tras un tupido árbol, el ruido de los remos de una vieja barca al romper contra el agua, el mojón de perro que mancha la suela de mi zapatilla… Si me siento dos plazas más atrás lo escrito sería totalmente distinto. Si hoy no fuese noche de reyes y magia, mi dialogo con el papel sería otro. Si los timbales no golpeasen el silencio, mis palabras dibujarían algo diferente. En este proceso de creación influye la conversación de un hombre quejándose de la modelo pisando las flores y el malabarista pendiendo sobre la cuerda. Cada relato, cada trazo es único como únicas son las sensaciones de cada momento en mí. 

miércoles, 15 de enero de 2014

Salgo a la calle


Salgo a la calle, me mezclo con la manada, cada uno tiene sus problemas, pero no quiero saberlos, yo tengo los míos, no son más graves que los suyos, ni menos, pero son míos y los tuyos me dan igual. Ando entre vidas paralelas que se cruzan sin tocarse, ando sobre la calle mojada de tantas lágrimas que no puede absorber más, ni siquiera las mías que son las más importantes. Grito desesperado para que alguien me pise, y lo consigo, me pisas, y él a ti. De eso va toda esta mierda de llorar sobre las lágrimas ya caídas. No busco consuelo, pues solo encontraré la fría bota de acero rompiéndome los dientes de una hostia tremenda. Quizá sea duro pero aquí, en la ciudad, las cosas van así. Desearía escapar, salir de la cadena, dejar que las hienas os devoréis, pero no podemos, somos esclavos del sufrimiento, de la ira del de alado. Quiero escapar, y no puedo, una lágrima ha caído sobre mí, aunque no siento lástima por él, si pudiera le pisaría. ¡Sálvese quien pueda! La guerra ha comenzado y no hay escapatoria. Os odio y me odiáis, incluso os odiáis, solo tenéis que pausar un segundo y vernos desde una perspectiva diferente. Es la 1.23 de la madrugada, no tengo sueño, solo ganas de escribir lo que me pasa por la cabeza, no he debido de cagar bien hoy pues solo me pasa mierda. Un saludo, odiosos. Nos odiamos. 

lunes, 3 de junio de 2013

Entrevista a Jose Mujica

Había oído hablar de él, de su buen hacer, pero hoy me a sorprendido. Merece la pena dedicar media hora de nuestro día en escucharle y aprender de lo que dice. Me quedo con la libertad es tiempo.

domingo, 2 de junio de 2013

Tren en vía muerta. Introducción


Quizá ninguna ciudad es tan buscada para narrar un asesinato, ninguna como ella para darle un aura mística y melancólica. Ese ambiente de decadencia que se huele y se percibe en las orillas del Támesis, que embadurna las calles del viejo Lóndres. La bohemia urbe británica, ha sido, desde antaño, habitada por gentes venidas de todo el mundo, irlandeses en busca de una vida mejor, judíos avaros de dinero, rusos huyendo de la inestabilidad de su imperio, mezcolanza de culturas y colores, mezcolanza con el gris de sus paredes, de su niebla, de su frío invernal y de su sol rasante. Esta mezcla hace que las más variadas costumbres y formas de vivir y entender la vida se entrelacen, sucedan formando el escenario pintoresco, casi tétrico necesario para teatralizar un crimen. Tal vez la zona más famosa sean las barriadas de Whitechapel de finales del siglo XIX, con el más que conocido, Jack the Ripper, extraño entre los extraños, misterioso en el misterio, desconocido aun a día de hoy. La leyenda de Jack el Destripador tiene mucho de ello, de leyenda, pero ciertamente sus crímenes acaecieron, fueron cometidos en las callejuelas humeantes del este de Lóndres. Se teoriza sobre la muerte de Annie Chapman, inglesa de nacimiento, prostituta de profesión, otra de las muchas mujeres que encontraban en la vida pendenciera una salida a la miseria que les rodeaba, casada por la iglesia, madre de dos niñas y un chaval, físicamente presentaba complexión fuerte, incluso algo de sobrepeso, ojos azules y tez pálida, siglos a podría haber sido el estereotipo de belleza, como las grandes mujeres de los cuadros de Velázquez, pero también cuarta víctima de Jack el Destripador. Testigos declararon a Scotland Yard que vieron a Annie acompañada de un hombre bien vestido, de porte elegante, tal vez de alta cuna, por lo menos de recatada educación, de esos que hoy en día nos generan confianza. Así trabajaba Jack, en los bajos fondos de la ciudad, allí donde la moralidad se tambalea. Se acercó, charló con Annie, ella pensó en trabajo, en que le pagaría bien, pues parecía tenerlo, confió en él, salió con el de la seguridad que genera la acción en público, la mirada de la masa, se alejó con él, se fue con él. Fue su último error. Dicen de ella que padecía tuberculosis y algún tipo de demencia, el alcohol, su estilo de vida, su falta de esperanza le habían llevado a esta situación, pero  todos los sueños, los deseos de llegar a una vida mejor, de ver crecer a sus hijos, de hacer el amor con su marido, todos ellos quedaron brutalmente interrumpido, acabados, Jack los terminó. John Davies, cochero de profesión, como el marido de Annie encontró su cuerpo hacia las seis de la mañana del sábado ocho de septiembre de mil ochocientos ochenta y ocho. La declaración del médico que examinó el cuerpo da una idea de lo brutal del asesinato ‘El cuerpo estaba terriblemente mutilado...la rigidez del los miembros no era marcada, pero estaba empezando, claramente. (…)El abdomen había sido totalmente abierto: los intestinos, separados de sus ataduras mesentéricas, habían sido extraídos y colocados sobre el hombro de la víctima; en la pelvis, el útero y sus apéndices con la parte de arriba de la vagina y los dos tercios posteriores de la vejiga habían sido totalmente extraídos. No se encontró rastro de esa partes, y los cortes eran limpios, evitando el recto, y dividiendo la vagina de forma que se evitó cualquier daño a la cerviz uterina.’. Así acabo la vida de Annie Chapman. Hoy en día ya no existe ni siquiera su tumba. 

martes, 14 de mayo de 2013

Diario de un emigrante. El tiempo que viví con una puta

Toco el timbre, se oyen pasos, se abre la puerta, llega, casi no le da tiempo a darme un beso, la exaltación le puede, tiene algo que contarme. Le sigo inquieto por el pasillo, por el pasillo de siempre, llegamos a la cocina, allí están, tal vez más exaltados, mis compañeros de casa, parte de ello, sostienen un ordenador, no dan crédito a lo que ven, cuando me lo muestran yo tampoco.

Cuando volví a Londres después de unos días en casa, hablando en castellano, comiendo bien, disfrutando de los cariños de los seres queridos. Después de esos días, comenzó otra vez toda la odisea, busca trabajo, busca casa, comienza de nuevo, vuelta a los nervios anteriores, a sensaciones ya vividas y no precisamente placenteras. Pero con esfuerzo, constancia y mucho apoyo en los míos lo vuelvo a conseguir, incluso mejorar, mismo puesto de trabajo, ya conozco a los compañeros, ya conozco el trabajo, ya saben cómo trabajo, no me tengo que camelar al jefe, ya lo tengo engañado. Pero si, mejor sueldo, nunca pensé que subir un sueldo iba a ser tan fácil, y creo que nunca más lo volverá a ser. Seguía sirviendo mesas.

Nueva casa, nueva habitación, nuevos compañeros de casa. La mía era una habitación pequeña, muy pequeña, pero suficiente para mí y para mis pensamientos. El día que me enseñaron la casa pensé que estaba deshabitada, nadie se oía o se movía por allí. Pero luego fui descubriendo poco a poco a sus habitantes. Si en mi anterior morada entre mis compañeros contaba con chavales buscavidas, en mi situación con más o menos empeño, pero buscándose las habichuelas, en esta no, todos eran estudiantes, parecían tener más dinero, o por lo menos una idea más, como decirlo, decidida de machacarse por la vida. Primero le conocí, era grande, estudiaba un postgrado, en algo de letras, nunca llegue a comprender que era exactamente, pero le dedicaba horas, a eso y a hablar con sus amigas, lo que me recuerda al segundo, como no tenía muchos amigos por allí, hablaba conmigo, y con quien se pusiera delante, al principio me pareció simpático, hasta tenía una conversación interesante, luego fue tornando a monótono, todo era lo que él había hecho, lo que él tenía, y lo que él iba a hacer, más tarde se transformó en tedioso, no se callaba, no había forma de escapar, ni un resquicio, era implacable. Una vez conseguí huir de él, y tuve que pasar horas encerrado en mi cuarto, porque para salir había que cruzar la cocina donde él montaba guardia. Era portugués. Luego había una chica que siempre cocinaba cosas raras, supongo que para ellos sería raro lo que yo cocinaba. Parecía china, y no hablaba mucho, y como yo tampoco, pues nuestras conversaciones eran de lo más fluido. ‘Hello, how ‘re you?’ y poco más. Al de un tiempo descubrí que no era china, era india, pero debía ser de alguna región cercana a china y de ahí los rasgos achinados. Última persona que conocí, esta si era india, de verdad, con sus rasgos característicos y todo. Resultó ser puta.

Como casi todos los días cogí la ruta 113 desde mi Golders Green para bajarme unas diez paradas más allá, Swiss Cottage, recuerdo que llegue tarde, pero aun así, de los primeros, era un día duro, como todos los sábados. Lleno absoluto en el restaurante, la comida del nuevo chef, parecía gustar a la clientela tanto o más que la de él antiguo. Gente haciendo cola en la calle para cenar, y como no, nervios, en cocina, en la barra, los camareros no dábamos abasto. Una equivocación significaba mucho retraso, muchas quejas de los clientes, y la consiguiente severa reprimenda del ogro, mejor hacerlo bien a la primera. Quizá sea uno de los trabajos que más presión me ha hecho soportar hasta el día de hoy, recordaré esos momentos cuando este tirado en la cama. Aprendizaje para el futuro. Tenía un truco, ser un robot, aislarme de los gritos, de los nervios ajenos, a mí me sobraban propios, no necesitaba los de los demás. Y pensar en volver, en llegar a casa, en descansar en sus brazos, en dejarme mimar, dejarme querer. Todo llega, terminó la noche, tuvimos una buena cena, creo recordar que fue un jugoso murgh xacuti.

Salí a la negra noche londinense, busque mi autobús, lo paré, me subí. Todos los días me sentaba en la última fila del piso superior, buscando un lugar tranquilo donde sacar mi libro y sumergirme en sus líneas. Pero aquel día era diferente. Quizá presagiando lo que iba a pasar. El autobús venía repleto, mucho más de lo habitual. Además encontré un rostro conocido entre los viajeros agotados que ansiaban  llegar a sus casas. Conversé con él, el mundo es pequeño, incluso en una ciudad como Londres puedes cruzarte con una misma persona dos veces en la misma semana. The Vale, mi parada, me toca bajarme, la calle vacía y fría se ofrece a llevarme a casa, pero los pasos los doy yo. Ella me esperaba, siento gran pasión por ella, por nosotros, estoy enamorado de la idea, de ella también. La puerta frente a mí me saca de mis pensamientos. Toco el timbre, se oyen pasos, se abre la puerta, llega, casi no le da tiempo a darme un beso, la exaltación le puede, tiene algo que contarme. Le sigo inquieto por el pasillo, por el pasillo de siempre, llegamos a la cocina, allí están, tal vez más exaltados, mis compañeros de casa, parte de ello, sostienen un ordenador, no dan crédito a lo que ven, cuando me lo muestran yo tampoco. En la página web mi compañera, la de los rasgos indios, la de los horarios raros, la que acababan de expulsar de la casa, era scort de lujo, acompañante.

Cierto día vino un chico, abrió mi habitación, se extrañó y me preguntó por el baño. Otro coincidí con ella cuando estaba cocinando, lo hacía a menudo, se sorprendió, dijo que a ella también le gustaría cocinar, pero que tenía una vida social muy ajetreada, que no tenía tiempo. Cada dos días había flores nuevas en el jarrón de la cocina… ahora todo tiene una explicación. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Diario de un emigrante. Inglaterra


El día que llegué a Inglaterra. El funcionario de fronteras me pidió el pasaporte, le entregué el documento de identidad, lo miró, me miró, dio su conformidad, estaba en suelo inglés, era diecisiete de septiembre. Aún me quedaba mucho para encontrar Inglaterra.

Ha sucedido, fue el fín de semana, lo encontré, ingleses de verdad, de los de la piel rosada que muta a rojiza según avanza la noche y la ingesta de alcohol, de los de pelo rubio, de los de comer a cual guarrada mayor, de los de desayunar alubias, comer sándwich y cenar un buey entero a la hora de la merienda. De los que todos tenemos en la idea de estereotipo inglés. Él me ha invitado, por qué no iba a asistir, es una gran oportunidad, y quien sabe, quizá me quede, quizá sea el tren que pasa. Me lo planifique bien, quizá mejor de lo necesario. Solo es coger un tren en King Cross hacia Cambridge. La vieja y nostálgica King Cross, famosa entre famosas, será cosa de magia. Pero el problema, la piedra surgió antes de lo previsto, cerrada la Northern Line por reparaciones. Pues nada, crucé los pomposos barrios de Hamstead, sobre el nivel de la tierra, autobús de sustitución. Con el consiguiente retraso. Aunque salgas pronto de casa ya se encargará el karma de hacerte llegar tarde, frase que podría haber sido sacada de las pesimistas y graciosas leyes de Murphi. Pero no fue un tiempo baldío. Conocí cierta chica simpática, que… me dio conversación y me hizo ameno el viaje. Está bien era más bien una señora, casi ancianita, y la conversación no fue muy interesante, pero por lo menos era más entretenida que mi libro. Este libro no lo estoy leyendo, lo estoy sufriendo. Pero por mis cojones que lo acabo. Mientras viajaba me iban entrando las inseguridades, una a una, que me iba a encontrar, les entendería cuando me hablasen, me perdería en medio de Inglaterra sin dinero para volver, me violarían, bueno esta última era más bien un deseo.  Al final se cumplieron casi todas, pero todo a su tiempo. Llegué, tarde, llegué. Pregunté por la gente, me llevaron hasta ellos, y primera sorpresa, no eran cincuenta, ni sesenta, no iba a pasar desapercibido pues no llegaban a diez. Estaban cenando, yo tenía hambre, así que le eche morro y pedí un plato y me fui a por comida, pasando de charlar, lo primero es lo primero. Qué asco de cena, no había nada normal. Pavo cocido con salsa de grasa acompañado de grasa, me lo comí, total era comida, tipical british. No había estado aun en un restaurante que dieran comida inglesa, empezaba a pensar que no existía. Segunda incógnita fue resuelta tras la cena, en la sobremesa, en la conversación, que como todas se expusieron las claves para salvar el mundo, algo solo alcanzable por el razonamiento, oculto para las grandes mentes dirigentes de este nuestro mundo. Era cierto, no les iba a entender cuando me hablasen, los ingleses de verdad no hablan en inglés, hablan por sonidos inteligibles para el resto de los mortales. Ejemplo de ello fue mi compañero de cuarto, venido del norte de Gales, su nombre, aun a día de hoy desconocido, algo así como jkfsd, solo emitía un sonido continuo sin variaciones cuando hablaba, a lo que los demás especímenes de su especie respondían, pero yo era incapaz de entender. No fue toda la estancia igual, según fue avanzando fui distinguiendo palabra, incluso alguna frase completa. Al día siguiente sufrimos las primeras deserciones, el rarito, el que no había abierto la boca aún se marchó, huyo, echaba de menos a mama. Pudiera ser también que tuviera mejores cosas que hacer, no como yo. Desayuné, huevos con alubias, y sigo vivo. Conocimos la oficina, amplia, llena de mesas, de teléfonos y de gente trabajando. Comenzamos, era a lo que habíamos venido, lo anterior no fueron más que preliminares, sala de reuniones, o de formaciones, los que quedábamos alrededor de una mesa, la elfa explicaba, la entendía, por lo menos sabía de qué hablaba, quizá porque ya se me el mensaje, arreglamos el mundo. Para ser una elfa estaba algo rellenita, se ve que disfrutaba de la vida, aun así le hacía una cara interesante, diferente, de esas que gustan mirar, que generan confianza, algo básico para el trabajo que lleva a cabo. Su escote también ayudaba. Un día entero de reunión, no encajaba con lo que yo esperaba, mas saque muchas cosas positivas, muchos aprendizajes, y cerré una puerta, que puede ser algo que necesitaba, tal vez tenga demasiadas abiertas. Ejercite mi inglés, como los ejercicios del colegio en los que sales a hacer una exposición sobre un tema, pero sin prepararlo y cuando los demás van a otra cosa, creo que no será la última vez, me servirá en un futuro. Comí a las once y media, sándwiches, asquerosos, pero parecía un muerto de hambre, todos cogían uno, yo cinco, necesito mi comida del mediodía, no me acabo de fusionar con las costumbres isleñas. Me pagaron el billete, dos días viviendo de gorra, pensamiento muy patrio. Se acabó la reunión y hay fui yo el que deserte, no iba a seguir adelante, los supervivientes se dirigían a un destino incógnito  a convivir durante semanas, yo cumplí mi siguiente premonición, me perdí, estaba en el centro de Inglaterra, diluviaba, no tenía paraguas, no tenía dinero, no sabía cómo llegar a la estación donde coger el tren que me llevase de vuelta a Londres, la solución, preguntar, si, pregunté por una dirección, estaba desesperado. La vuelta no tuvo más misterio, no me perdí más, no encontré chicas interesantes en el tren, no me violaron y la línea de metro no estaba cerrada. 

martes, 5 de febrero de 2013

Diario de un emigrante. Conocerse

Sabes esos momentos en los que mandarías todo a la mierda, se acabó, dejas de luchar, te rindes, de buscar la felicidad como te han enseñado a buscarla, estudia una carrera, un master, idiomas, encuentra un trabajo bien pagado, donde desarrolles tu verdadera vocación y te llene como persona, encuentra una novia, guapa, inteligente, despampanante, divertida, cásate con ella, ten hijos y matate para que ellos tengan las mismas oportunidades de sufrir en el futuro que tú has tenido. Trabaja por encima de todo, con ello lo conseguirás, a base de esfuerzo y sacrificio llegarás a donde te propongas, siendo buena persona y esclavizado… una mierda!

¿Hacia dónde voy? ¿Por qué vivo en Londres? O bien porque he venido a terminar mi formación y aprender inglés enfrentándome por encontrar una ocupación decente, gastando lo mínimo, o bien porque huyo de algo, lo que es peor huyo de mí mismo. Soy cobarde y no me atrevo a afrontar una etapa que no sé cómo funciona, en la que me encuentro pato, en la que voy a fracasar varias veces hasta lograrlo. Vuelvo a España de forma definitiva. A echarle un par de huevos. 



domingo, 3 de febrero de 2013

Ante la falta de creatividad que experimento este último mes, y que se traduce en que llevo tiempo sin publicar nada cuelgo un vídeo que acabo de ver en el tablón de Kaditx y que viene resumiendo mis últimas ideas de la vida...

http://www.youtube.com/watch?v=RSUykLfEmVE

Espero que os haga reflexionar como a mi, gracias Kaditx.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Diario de un emigrante. Vuelta

Enfrentarme al papel en blanco me da escalofríos. Casi lo emborrono para no verlo vacío. Esta bien, lo haré, garabatearé alguna conclusión y consecuencias de los casi tres meses que llevó en la isla, en la ciudad, tres meses sin ver el campo la naturaleza, solo asfalto y hormigón. Me agobia, quizá haga alguna locura.

Vine un 17 de septiembre, hacia frio, pero iba en pantalón corto. Alquile una, digamos, habitación. Busqué, encontré trabajo. Trabajé, sigo trabajando. Viví, disfrute de la noche. De compañía tuve gente de tantos sitios. Disfrute del día, sufrí del frio. Unos se fueron, otros quedan. De todos aprendí algo, de todos me molestó algo, de eso se trata la convivencia, no existe la persona adecuada. Son muchas las cosas que aprendo cuando viajo, cuando se viaja. Llevo ya cinco años y medio, desde que salí de mi casa, de la casa de mis padres, he aprendido muchas más cosas, y más útiles en estos cinco años que en los quince que me pase en el colegio, sin despreciarlos, pues ambos son parte de la persona que soy hoy en día. Cuesta ir dejando atrás amigos, buenos amigos, enemigos, hábitos, pero viajando, moviéndote aprendes a vivir. Pero no iba de esto el relato, no voy a aburrir con moralismos.

Me senté en esta silla, en esta casa, en esta morada improvisada. Después de los agitados y difíciles días iniciales la cosa ha cambiado, se han vuelto monótonos, del restaurante a casa, de casa al restaurante, dejar escapar el tiempo delante del ordenador. Me levanto, tarde, no me da por madrugar, no necesito la ayuda de Dios, por el momento. Remoloneo, porque puedo, y porque me gusta.  Bajo a la cocina, que hace las veces de salón también, y me preparo el desayuno, a veces como fruta, y aunque se de alguien que enojará, normalmente no lo hago. Café, robado a algún compañero, o té, propio, con galletas de jengibre, me he hecho adicto a esas galletas, y como a nadie más le gustan suelen durar en al cocina. Si alguien me acompaña en el desayuno solemos mantener interesantes conversaciones. Los temas son bastante variados, desde cual es el mejor tema de The doors a los perfectos pechos de la vecina, creedme son perfectos, y como no pasando por ‘in my country…’. Cuantas veces habré oído esa frase seguida de quejas, alabanzas, orgullo, tristeza, añoranza de boca de todos, sean de donde sean. Todos añoran la tierra que les vio crecer. Si nadie comparte mi desayuno me vuelvo a la habitación, y aquí empieza toda la variación de mi rutina. Dependiendo de mi estado de animo me pongo a buscar un trabajo en el ordenador, incluso algún día salí a su encuentro en la calle, pero nunca lo encontré. Si me encuentro más creativo ese día, escribo, leo, retoco fotos, lo público, y luego lo lees y lo ves. El día que me siento todavía más artista, ese es el día que no hago nada, veo series, navego por la red sin rumbo fijo, pierdo el tiempo muy artísticamente. Tras hacer el vago toda la mañana suelo skypear (debería ser esta una palabra ya admitida en el diccionario, por lo menos en el mío, pues la uso más que muchas otras), mi momento de conexión con el mundo, con los amigos, con los añorados, con los amados. Es un momento este de evasión, de dejar el inglés a un lado y volver a sentirme querido. Llega la hora de comer, le he cogido especial apego, me esta gustando mucho cocinar, y sobre todo que me salga cojonudo. Además es de las horas más calientes del día. Si por que con los fuegos encendidos la cocina coge temperatura. Luego suelo tener un par de horas que no sabría definirlas muy bien, suelo ver alguna serie, o buscar trabajo, o cosas muy variadas, hasta llegar a las cinco de la tarde, hora fatídica, toca ponerse las pilas, salir a la calle y ganarse el pan. Hace frio, las manos se me abren, maltratadas por el frio de la bicicleta y los productos del restaurante. Les vendrán bien unas vacaciones. Una vez pedaleo hasta swiss cottage comienza mi jornada laboral que se alarga hasta media noche. Tras lo cual, ceno, ceno muy bien, es uno de los puntos positivos de trabajar ahí, siempre ceno jodidamente bien, y mucho, lo que me impide irme a dormir, la barriga está llena, así que pierdo otro rato el tiempo frente al ordenador antes de irme a dormir, casi siempre escuchando a Wyoming o Buenafuente. Me da asco pasar tantas horas delante del ordenador, no es bueno, debería dejarlo, lo haré.


Pero todo esto ya se acabó, toca volver, a casa por navidad, como las buenas cosas. He aprendido mucho. Una experiencia increíble, que aspiro a volver a repetir en breve cambiando únicamente el nombre de la ciudad, perro con idéntica ubicación y aspiración.

martes, 20 de noviembre de 2012

Diario de un emigrante. Domingo

Los domingos se acaba de mundo. No quisiera ser una metáfora, pero, aquí, en Londres, cobra más sentido que nunca, cobras cada semana, pagas cada semana, vives de semana en semana, los domingos cobran su más alta expresión como consumación de un tiempo vital. Hago la compra semanal los lunes, y compro alimentos justos para la semana, pues tienen la costumbre de caducarse a velocidades vertiginosas, la etiqueta ‘Using within 3 days of opening’ parece ser moda por estas islas. Pago mi alquiler de forma semanal, todos los miércoles, puntual, hace que parezca razonable la cantidad estipulada, pero no quiero multiplicarla hasta averiguar la cifra mensual, me produciría escalofríos. Cobro mi nómina cada dos semanas, toca un poco la moral, es otra estrategia para hacerla parecer mayor de lo que en realidad es. El abono de transporte, que ya paso a mejor vida, lo pagaba de forma semanal, veintinueve libras por poder usar el metro y autobús en las zonas 1 y 2, a punta de pistola. Con esta organización, si, el domingo es ese día cual descanso todo lo que te han exprimido durante la semana. Quizá tenga un montón de planes para cuando tuviere un día libre, pero son vanos, todo el plan que debería hacer es, no quitarme el pijama en toda la jornada, y si me apuras llamar al chino para comer… aun no, no me siento con fuerzas de adivinar como cocinan los chinos en este país, donde la calidad de la comida general brilla por su ausencia. 


Hoy es domingo, sigo en la cama, son las doce de la mañana, pienso la comida que prepararé cuando baje a la cocina, algo que se antoja difícil. Hablando de comida, utilizo mucho tiempo aprendiendo a cocinar mejor, es algo que me realiza, cojo ideas del restaurante, de internet, de los libros o artículos que leo, e intento realizarlas en mis fogones, algunas veces con más acierto que otras, pero de eso trata todo aprendizaje, de fallar, levantarse y volver a fallar. El último plato al que he vencido es algo parecido al arroz briyani, lo cocinan en el restaurante, ellos usan arroz basmati de las mil maravillas, yo arroz sansbury basic, viene siendo cuatro veces más barato, el resultado es bastante parecido, arroz frito con verduras o pollo, gran cantidad de curry, como casi toda la cocina india, aromatizado con menta, y acompañado de una salsa de yogur. No es por echarme flores, pero después de cuatro o cinco intentos, sufridos intentos, me ha quedado comestible. La tarde no presenta muchas más alternativas, la cama, la vagancia y el descanso me atraparán.

Para el domingo, había planeado coger la bici, si, me he agenciado una bici, y explorar los alrededores, ver si conseguía llegar al domingo de la ciudad de Londres. No lo hago, no lo haré. Pero por lo menos estoy escribiendo.

Ensayo infinito
en pos del asiduo fallo,
pero céfiro tornó
aun mereciendo desmallo

Pa mi tos habitual
leche tibea con miel,
hallé la aguja del pajar,
hallé mi ciento por cien

No se debe esbozar
pues palabros no son dignos,
silencio atronador
déste, corazón indigno

'Copla a una vida'

martes, 13 de noviembre de 2012

Diario de un emigrante. Morada

Me dispongo a continuar mi relato. La mañana es nublada, para variar, los pájaros no cantan, pero no lo añoro pues suena el blue álbum de los Beatles. La taza de té y el ordenador me escoltan mientras siento satisfacción por mi primera nómina que ayer me pagaron, raquítica, pero primera. Al final me harté de ir de aquí para allá buscando particulares que me alquilasen una habitación para encontrarme agencias chupasangres detrás de cada anuncio. No me quedó más solución que contratar los servicios de una de ellas. Debe llamarse algo así como UKLondonFlat, y fue la que mejor impresión me dió. Visité varios antros más, hasta que al final hallé algo donde poder descansar sin que la mierda me comiera. Hoy en día le llamo casa. Mi contacto con la agencia, fui a su oficina, terreno enemigo, me atendieron en castellano, mierda para todos, yo quiero practicar mi inglés, hablaba español con ese acento guiri que tanta gracia nos hace. Se llamaba Joe, según me indicó el, mas tarde descubrí que se llamaba Gio, que en inglés hablado por italianos se debe de pronunciar igual. Era un hombre en sus treinta pasados, vestía decentemente, algo que me debería haber dado pie a pensar que no era inglés como yo en un principio creía. Los ingleses se visten con el culo, y las inglesas ni siquiera usan el culo. Cuanto más hortera y estrafalario sea la prenda que te pones más guay eres, asi que pasear por la calle se convierte en un constante desfile de personajes intentando ser más ridículo que el anterior, y creedme, lo consiguen.


No se me distraigan, había conseguido uno de los objetivos principales, y solo me había costado una semana y un motón de pounds, si un motón, pago el doble que en Pamplona por una casa la mitad de decente, siendo generosos con los piropos. Lo celebré con mis ya casi íntimos Jose y Alex. No me fliparé, toda la celebración fue un enhorabuena y un apretón de manos. Pero en los momentos que estaba era una maravilla. Otra vez tocaba, coger todos mis bártulos, toda mi vida en una maleta, toda mi sabiduría, mi ropa y mi compañía, y cruzarme Londres, en un metro para nada accesible. Los diseñadores de este metro deberían acudir a una clase con Sacris, y así comprender lo que es la accesibilidad. Legué, expectante, ¿Qué me encontraría?, ¿Quiénes serían mis nuevos compañeros de rutina? Miles de preguntas, quizá algo acojonado, debido a mi natural timidez, que intento dejar atrás con viajes y experiencias como esta. Respuesta positiva, gente agradable, enseguida se ofrecieron a ayudarme, me indicaron las cosas importantes, es decir, donde comprar ropa, comida barata, quien vendía hierba por allí, y las reglas de higiene de la casa… bueno esto último se lo saltaron. Aquello era el salvaje oeste, cada cual sobrevivía como podía, y eso que llegue en plena mejoría de la limpieza del hogar, habían quitado toda la ceniza de porro que ocupaba la mesa de la cocina el día anterior. Estaba de suerte, tenía de nuevo la flor en el culo. Casi doy saltos de alegría cuando me lo contaron, pero la prudencia me pudo. 

La fauna de la casa por aquellos momentos tampoco tenía desperdicio, teníamos un suizo bohemio, perdón, un suizo pijo-bohemio, sigue aquí, le encanta tocar la armónica y demostrar que le va la vida de tirado, pero al día siguiente aparece con una cámara fotográfica nueva, y no repara en esfuerzos para hacer saber a todo el mundo la millonada que le ha costado. No trabaja, solo hace el vago. Continuando nuestra visita la circo nos encontramos con el gordo y el flaco, una pareja de canarios indescriptibles, buenas intenciones, pero… demasiado vagos para buscarse un trabajo, dejar CV debe de ser una tarea de constancia, uno a la semana no es un buen promedio, pero tocaban muy bien la guitarra, algo que echo de menos, ya no hay música… la armónica suiza aun no se considera música, aún le queda practicar mucho más a costa de nuestros oídos. Hay una habitación en la casa que es sus buenos días posiblemente fuera el salón de la casa, hoy alberga tres potrosas camas y otros tantos armarios destartalados, todo ello ordenado en un caos perfecto. Allí descansaba la vieja guardia, Mortadelo y Filemón, italiano y francés, alto y bajo, tranquilo y nervio puro, guapo y feo, artista y deportista, pero los dos muy buenos tíos. Italia lleva cuatro, ahora cinco meses en Londres, llegó como todos los italianos, sin hablar ni una palabra de inglés, trabaja en un bar español en King Cross y no sabe el significado de lo que sirve en el bar. Es un fucker, cada día que le veo esta con una diferente, y no parece tener mucho reparo en tener compañeros de habitación. Francia es nervioso, bromista, con mucha energía, a la vez que responsable. Tiempo después conocí a su novia. Cualquier persona que les viese juntos pensaría ‘ella es la que manda, le debe destrozar en la cama, menuda mujer’, cuando les ves interactuar empiezan las dudas, de esas personalidades que pegan la una con la otra, verles en un pub de noche es mejor espectáculo que cualquier teatro de Londres. Queda otro inquilino por presentar, nunca supe su nombre, le llamábamos the Gosht, por algo será. Se volvió.


Una colmena con abejas de todos los rincones del campo de juego, tantas cosas en común como diferentes, aunque de momento funciona, y alecciona. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Concursante

Tras las trágicas noticias de estas semanas sobre los suicidios sucedidos en España, me viene a la memoria una película que vi hace algún tiempo. Ópera prima de un director increíble, indescifrable, en busca de dar la nota, de hacer posible lo imposible. Me enamoró con esta reflexión sobre el sistema, no descansa, ritmo trepidante, osada, y después me deslumbró atreviéndose con Buried, 93 minutos agónicos dentro de un ataúd. Dejo un fragmento de la película, que quiero destacar que se estreno antes del inicio de esta crisis. Premonitoria? Tal vez... por favor reflexionemos profundamente. Todos somos humanos, ¿Por qué nos hacemos esto los unos a los otros? 


jueves, 8 de noviembre de 2012

Diario de un emigrante. Primeras impresiones


Tres semanas llevo ya en esta exorbitante ciudad. Tres semanas lentas, de diez días cada una, de fuertes contrastes, instantes de inmensa alegría interrumpida por pésimas sensaciones, producidas todas ellas por grandes progresos y peores baches. Cosmopolita, instructora, penosa, cruel, amistosa, insoportable, comprensiva, insultante, benevolente, tolerante, complaciente, intransigente, feroz, inolvidable, brutal, memorable, extraña, cercana, ofensiva, grosera, encomiástico, halagador, dura, solitaria, hiriente, aduladora… tal es la ciudad y tal es mi experiencia en este tiempo.

Entrando en detalles escabrosos y los no tanto; arribé un frio lunes de septiembre, el diecisiete más concretamente, siendo alguien ya iniciado en el transportes londinense y teniendo tan claro mi destino, dediqué mi primera evening a hacerme con una tarjeta de telefonía, objeto que me fue de fácil acceso y pequeño costo. También de gran utilidad, pues en lo que utilice mis esfuerzos en los siguientes días fue el buscar una habitación donde descansar, que me proporcionase mejor cobijo que el, aunque confortable, infame Walrus. Tal era el nombre del hostal donde sus chicos tanto me ayudaron y me aconsejaron. Dos de ellos, Jose y Alex, venían de México, dato que no estuvo en mi poder el primer día y me hizo practicar mi inglés con quien me podría haber entendido en mi lengua materna. Era una edificación con el típico sucio encanto londinense, aquellos que habéis visitado Londres me entenderéis. La planta baja la ocupaba… y la ocupa un confortable bar, sobre el cual se sostiene una sucesión caótica de habitaciones abarrotadas de gentes de las más variadas partes del mundo. Allí conocí, dando por nombrados a los mexicanos, a un profesor de Ingeniería de la Universidad de Valladolid, que al ser, al igual que yo, viajero solitario, se convirtió rápido en un gran amigo temporal, y porque no decirlo, aunque no a sabiendas, en un apoyo más que eficaz para esos momentos de soledad que me atacaban en tales días. The Warlus se convirtió en mi morada y Ramón, Alex y Jose en mis nuevos amigos express.

Buscar un nuevo acomodamiento se convirtió en algo pesado. Tenía la información necesaria para llevarla a cabo, pero, quizá no las expectativas adecuadas. Londres es especial, sus habitaciones también. En sucesión de sucias, caóticas y desordenadas llamémosles casas pasaron ante mi. En alguna de la habitaciones no entraba yo junto con mis maletas, y otras estaban ya ocupadas por distintos tipos de insectos y bichos varios. Por no hablar de las zonas comunes de dichas moradas, pues como todo aquel que haya compartido residencia con gente de similares condiciones sabrá, suelen ser aun peor limpiadas que la propia habitación, como es de esperar. Mi intención era encontrar a través de las webs inglesas y de los periódicos gratuitos un landlord, como se llaman aquí los caseros, que me evitase pasar por inmobiliarias, agencias y demás chupasangres presentes siempre en estos negocios, más si cabe en una ciudad como Londres. He de decir que encontré lo que buscaba, encontré la aguja en el pajar, mas la aguja estaba roñosa y, aunque tenía un precio razonable… razonable para lo reducido de aquel cuarto de escobas. Así me harté de gastarme el saldo del móvil en llamadas a supuestos particulares que resultaban ser exigentes agencias. Te vendían el oro y el moro para engatusarte y en cuanto mostrabas el mínimo interés por sus servicios, era entonces cuando salían con los meses que querían por adelantado y los otros tantos que requerían de fianza. Siendo siempre muy mentiroso y echándome el farol de que, por supuesto, podía permitírmelo, para lograr ver la casa en cuestión, descubrí algún lugar medianamente digno de llamarse habitación, pero nunca en comparación con el concepto que tenemos de ello en España. En ello me sucedió un par de anécdotas que me llevaron a darme cuenta de que en Londres cada cual se preocupa de sí mismo y poco importa lo que hagan los demás, además se sienten particularmente ofendidos ante las interacciones de extraños en sus quehaceres diarios.

La primera sucedió en tanto esperaba, al mentado anteriormente, casero del cuarto de escoba, con el que había quedado bajo el roñoso puente del ferrocarril. Al no saber yo el aspecto que tendría Delroy, mire con extrañeza a todo hombre que se me acercaba sospechoso de ser mi nuevo socio. A uno de ellos no le pareció correcto y me devolvió la misma mirada, aunque, por que no decirlo, más incómoda, y volviéndose por momentos desafiante me preguntó ‘Do you have any problem?’ a lo cual yo respondi, con mi mejor inglés posible ‘No, sorry, I m waiting for one who is going to sow me a room for rent. I thought you were that person…’. Se dio por satisfecho y continuó su camino. Dejome más dubitativo aun, y tal vez algo nervioso, ante lo que me iba a encontrar. El resto es conocido, resulto ser Jamaicano y vivir en una casa con su hijo, de la cual alquilaban aquel cubículo como habitación por ochenta y cinco pounds per week.

La segunda acaeció mientras visitaba pisos con una de las tramposas agencias que se camuflaban tras los supuestos números privados de los anuncios de gumtree, la web más grande donde se puede encontrar de todo. Recorrimos las calles de Londres de un piso a otro, por llamarlos de alguna manera, con una compañía de lo más variopinta, un italiano, una pareja de rumanos y nuestro chofer brasileño, que hacia las veces de agente inmobiliario una vez llegados a los pisos. De todos los antros que visitamos, hubo uno que se parecía a una casa, tal vez era por que aun no vivía nadie allí y estaba todo nuevo. He de aclarar que no me lo quede pues el precio, ciento treinta y tres pounds por semana, por aquel zulo de habitación me pareció desorbitado. Aunque siendo el único digno de llamarse hogar saque una fotografía al nombre del vecindario en un cartel cercano, y a esto ese me acerco una noble ancianita a preguntarme porque sacaba fotos a su casa. Una vez más me toco sacar a relucir mi entrecortado inglés para explicarle mis motivos.

Inciso sobre el hilo de la historia para trasladar una idea muy oportuna sobre la emigración, las fronteras, los nacionalismos y demás canceres de este mundo:

 La elección de una fecha de origen es puramente arbitraria. En el año 1000, la mayor parte de lo que hoy es España formaba parte de un califato islámico. Si utilizas la Historia para justificar la “nación española”, no puedes quejarte de que Al Qaeda luche por restaurar Al Andalus. Ellos han elegido una fecha tan legítima (y arbitraria) como la tuya. Si de verdad queremos respetar la Historia, si tanto nos importa la tierra de nuestros antepasados, deberíamos mudarnos todos al Valle del Rift. De aquél rincón de África salimos todos los humanos. ¿Me escucha Sr. Mayor Oreja? La próxima vez que le pregunten por su origen, quiero escucharle decir: “yo, antes que nada, soy un inmigrante africano”.


Fragmento del articulo: ‘¿Cómo alguien puede ser ‘nacionalista’ y ‘de izquierdas’?’ de Principe Marusia, publicado en Público con fecha del 15 de octubre de 2012.

miércoles, 31 de octubre de 2012


   Necesitaba discutir, compartir mis reflexiones,
 y converse con la ciudad. Ha sido un dialogo mágico, 
        hecho de pequeños detalles, imperceptibles para 
quien no sabe escuchar, inabordables para él que no 
puede pararse a disfrutar de los instantes más insignificantes. 
He hablado sin mediar palabra, repartido mi 
pobreza con un mendigo, he oído el silencio, 
apreciado la lluvia en mi cuerpo, los puentes se han
iluminado a mi paso invitándome a pasar,
he disfrutado de un reflejo en el agua, 
admirado la grosería de una viga de acero, 
y he descansado sobre una cerveza. 
Ayer no tenía necesidad, no creía en los detalles, 
ayer me perdí la ciudad hablando.

‘Experiencia de un paseo’

sábado, 27 de octubre de 2012

El bien colectivo

Esta mañana escuchando una entrevista de Iñaki Gabilondo a Jose Luis Sampedro, alguien a quien admiro, he recordado un antiguo articulo que escribí hace algunos años.

La organización actual de la sociedad plantea que para solucionar cualquier problema debe haber un debate previo. Un debate es algo asi como una exposición de argumentos por parte de las diferentes posturas; unos a favor, otros en contra, algún indeciso, y, como no, siempre quedan los antitodo, quienes se posicionan en contra y tachan al resto de cobardes, locos o cosas peores. Después de esta discusión, se proponen conclusiones, y sucede algo mágico, el mayor acto de libertad, el símbolo de nuestra era; la democracia. Esto es, se vota, y se aceptará como acertado lo que quieran 51 voces, y se desoirán las otras 49, que deben de ser cobardes, locos, individuos que no quieren el bien, vamos, que se han pasado al lado oscuro. Tras estas líneas llegamos a una primera cuestión o pregunta; Si una respuesta es realmente beneficiosa, lo será para todos, ya que la definición de beneficioso debiera ser la considerada como la acción que reporta mayor beneficio, ¿Y que mayor beneficio que el 100%, en vez del 51? Por lo tanto las decisiones debieran ser adoptadas por consenso. Quizá esta conclusión es demasiado prematura en el artículo y ahora parezca algo descabellado.

A partir de ahora expondré los argumentos que soportan y hacen posible la primera conclusión.

Para empezar podría hablar del respeto, aunque todo el mundo se cree respetuoso, pero la observación de mi derredor me dice que algo falla. Es algo que se cree arraigado en la sociedad, pero que poca gente entiende, es más, se confunde, y por ello se utiliza mal. El respeto de ser entendido como un acto de humildad, cualidad de la que muchos carecemos. El respeto no consiste en permitir que cada cual exponga sus argumentos y que, además, lo haga libremente. Es algo más complicado, se basa en permitir la exposición, y hacer un buen uso de ella, igualar el nivel de los argumentos ajenos con los propios, para poder analizarlos y compararlos sin que ninguno tenga una ventaja previa. Es decir, todos los argumentos tienen la misma entidad, y solo asi seremos capaces de captar el beneficio real. Otra puntualización, el respeto no impide que un argumento sea destructivo, se puede argumentar en contra de unos planteamientos, lo que si es necesario es no usar la violencia en tus exposiciones.
Todo el tema del respeto va unido a la idea de posesión de verdad; nadie puede demostrar que tiene la verdad absoluta, aunque haya dedicado toda su vida a buscarla. El ser humano esta limitado, no puede encontrarla. Quizá exista, pero nadie puede tener la certeza de que es la suya. Si una idea, un planteamiento se propone como único y verdadero, en parte es falso; es falso en cuanto a la afirmación de verdad. Resumiendo, si alguien tuviera la verdad absoluta y fuese consciente de ello, debería ser capaz de demostrarlo a los demás, y el debate perdería su sentido. Este problema es el que conduce a las dictaduras. Al igual que en el párrafo anterior llegamos a la conclusión de que todas las ideas han de tener la misma entidad. Ninguna es buena por que lo diga su defensor, sino porque convenza a todos.

Después de reflexionar sobre todo lo anteriormente expuesto, cabe la duda de que si lo expresado fuese cierto los problemas se solucionarían inmediatamente, o en un corto espacio de tiempo, y como no sucede asi, deben de ser un montón de sandeces, o se podría tachar de utópico.

Es cierto que los problemas no se solucionan, ¿Por qué?, muy sencillo, porque los debatientes tienen fuertes intereses individuales y los anteponen al beneficio general. Algo que quizá suene repetitivo, pero que si nos fijamos en nuestra organización se ve muy claramente. Cada político vela por los intereses de su país o región, lo que les impide, les ciega ante la solución, que nunca puede consistir en un posicionamiento que defienda unos intereses particulares, sino que exista una clase dirigente que consiga de una vez y para siempre saltar el muro de los nacionalismos y logre llegar a consensuar el camino que nos beneficie al 100%.

En conclusión, el método más eficaz para obtener los mejores resultados es el debate, y las decisiones tomadas por consenso, pero esto no se podrá conseguir mientras no se entienda la idea de paridad entre planteamientos, y, sobre todo, no se superen las barreras del egoísmo.

Fragmento que he seleccionado de la entrevista citada anteriormente. 


Enlace a la entrevista completa, muy interesante, no tiene desperdicio. http://www.youtube.com/watch?v=TOynMKesxtw


lunes, 22 de octubre de 2012

Reflexión a unas elecciones

En el año de 1879 Pablo Iglesias fundó un partido político que nacía dentro de una clase social con una ideología clara, y un futuro prometedor. El pueblo español ponía sus esperanzas de una sociedad más justa, igualitaria y socialista. Abrazó en sus años el marxismo, luchó contra la dictadura de Primo de Rivera primero y de Franco después. Es el partido que más años ha gobernado durante nuestra joven democracia, siendo el baluarte de la izquierda en este país durante mucho años, pero.

Las elecciones celebradas ayer mismo en Galicia y Euskadi, a parte de otras muchas lecturas del sentir popular que se hacen y se harán estos días, arrojan una duda, una reflexión, yo creo obligada, y que no está en boca de todos. ¿Puede el Partido Socialista dejar de ser la segunda fuerza política y bandera de la izquierda en un futuro no muy lejano?

En el Congreso de los Diputados, el Partido Socialista cuenta con 110 diputados, el número más bajo desde la Transición. Comparándolos con el resto de fuerzas de la Izquierda no parece que la reflexión venga al caso, pues Izquierda Unida cuenta con 11, como único otro partido de izquierdas a nivel nacional, y Amaiur, nacionalistas vascos, cuenta con 7 y Compromis, coalición de izquierdas valenciana, cuenta con 1 único diputado. En total suman 19 diputados contra los 110 de PSOE, no hay comparativa posible. Si miramos este mismo dato en número de votos la cosa va cambiando algo, el PSOE obtuvo 7.003.511 votos y la suma de todos los votos de partidos de izquierdas que obtuvieron un número de votos significativo en la elecciones de 2011, véase IU, Amaiur, Equo, ERC, BNG, Compromis y PACMA, suman 2.905.166 de votos, la mitad que el PSOE, y teniendo en cuenta lo que denominamos voto útil, ya que muchos no se deciden a votar al partido que mejor encuadra sus ideas a bien de que el sistema electoral elimine su voto. Pero ese es otro debate. Estos son los datos de 2011, pero las tendencias también hablan, el PSOE ha perdido un 15,11% de votos respecto a las anteriores elecciones, mientras el resto de las formaciones ha subido, exceptuando ERC. Ahora comparemos estos datos con los obtenidos ayer en las elecciones gallegas y vascas, donde vamos a observar la continuación de esa tendencia. En Galicia los socialistas tiene 18 escaños, la coalición de izquierdas ANOVA 9 y el BNG 7, es decir, el resto de partidos de izquierdas tienen 16 escaños frente a los 18 del Partido Socialista de Galicia, la cosa se empieza a igualar. Si vemos el número de votos PSOE 293.671 frente a ANOVA 200.101 más 145.389 de BNG, lo que dice que el PSdeG obtiene menos votos que el resto de formaciones de izquierdas. Comentando tendencias en 2009, el PSdeG era la fuerza de izquierdas con más escaños y más votos con diferencia. En Euskadi, haremos la misma comparativa que hasta ahora, pero debiéramos de tener en cuenta la distinta coyuntura política existente. Aquí el PSE-EE ha conseguido 16 escaños y 211.939 votos, y EH Bildu 21 escaños y 276.989 votos. Por lo tanto el Partido de Patxi López y de Rubalcaba se queda otra vez como segunda fuerza de la izquierda. Y otra vez comparando tendencias, en 2009, Patxi López era la primera fuerza de la izquierda en solitario, incluso llegó a la lehendakaritza de la mano del PP. Como resumen a esta batería de datos  se resalta que el PSOE sigue una clara línea descendente, no solo contra la derecha, si no que esta en peligro su hegemonía como voz de la izquierda.

Las causas que han llevado a esta situación están en la cabeza de todos y cada uno de los votantes que les han dejado de votar. El partido que fundó Pablo Iglesias y que ha representado los ideales de tantos españoles se haya en un embudo. Solo por nombrar alguna, se añora la fortaleza de un líder como Felipe González. Quiero solo recordar un momento histórico, Joaquín Almunia dimitió por el hecho de obtener más escaños de los que obtuvo Rubalcaba en 2011. Quizá sea esta la puntilla que le hace falta replantearse su estrategia, y volver a lo que la izquierda añora.  Una definición clara de su política, hacia donde van, no solo bandazos a un lado y a otro, si quieren pasarse a la derecha, muy bien, pero que no pretendan llevarse nuestros votos con ellos. Por dar otra pincelada, Rajoy no ha perdido votos en Galicia y muy pocos en País Vasco, y aun llevando a cabo la política de recortes y austeridad que tanto daña el estado del bienestar. ¿Será ello por que los a los españoles nos gusta la penuria, o por que hemos perdido la fe en la clase política?

El futuro depende de la ciudadanía, pero hay que actuar con cabeza y responsabilidad, pues el PP perderá el poder, lo hará más tarde o más temprano. Tres bocas de salida tiene este embudo. La primera, no deseable, es que las cosas se queden tal y como están, con un PSOE jugando con nosotros, debilitando a la izquierda y a España. La segunda, más esperada que posible, es que Rubalcaba dimita de inmediato, reconozca el mal rumbo, y el partido de defina claramente, como un partido del pueblo, con los ideales del pueblo. Y la tercera, y creo más probable, la salida más lógica del embudo es a través de, ante la incapacidad del PSOE, el paso a delante de la izquierda alternativa de este país, debemos darnos cuenta que el PSOE se ha ido, que debe nacer una nueva izquierda, un nuevo partido que recoja los votantes huérfanos que se está dejando. ¿Será la hora de IU? ¿Será que ha desaparecido la clase social proletaria y todos nos creemos ahora nuevos ricos? ¿Será la hora de un cambio de rumbo?